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Los bandazos de Elon Musk desconciertan a los inversores de Tesla



Tesla sigue bajo presión. Los inversores, no muy contentos con Elon Musk, se toman la situación con las debidas cautelas, pese a que el fundador del fabricante de coches eléctricos haya decidido abandonar la idea de sacar a la compañía de Bolsa. Los títulos de la compañía caían ayer en Wall Street en torno al 2% a media sesión. Incluso los más fieles le piden que cambie de actitud para recuperar su credibilidad. Desde el pasado día 6 de agosto —cuando, en un nuevo arrebato, Musk dijo contar con los fondos para sacar a la compañía de l parqué—, pierde un 16%.
No hay un camino intermedio en Tesla y las preguntas se acumulan. Gene Munster, analista de Loup Ventures, sigue apostando por Musk. Pero dice que para que el valor de la compañía siga creciendo, “debe ganarse la confianza de los inversores”. Rajvindra Gill, desde Needham, cree que es falso decir que injustamente criticado. “Lleva cuatro años diciendo que va a ser rentable”, asegura.
Tesla pierde más de un 7% desde el cierre del pasado 6 de agosto. El día 7, Musk dijo contar con los fondos para sacar a la compañía del mercado en una operación que valoraba la sociedad en 420 dólares por acción. Explicó que estaba respaldada por Arabia Saudí. Pero tanto en el mercado de acciones como en el de deuda se mostraron escépticos desde el principio. El día del anuncio, los títulos se dispararon más de un 10% y el regulador bursátil suspendió la cotización en 379,57 dólares. Pero desde entonces, no ha hecho más de desinflarse. El lunes, Tesla cerró en 317,6 dólares, una caída del 1,6. Desde el pico del anuncio de salida de Bolsa, el desplome es del 16 y del 7% desde el día anterior.
En el segundo trimestre, la compañía tuvo unas pérdidas de 718 millones millones de dólares (615 millones de euros). Preocupa lo rápido que la empresa quema efectivo para dar escala a la producción del Model 3. Gastó 1.800 millones de dólares en el primer semestre. Las cuentas publicadas a comienzos de mes mostraban que tenía 2.780 millones de dólares disponibles.
Esta situación se complica con 1.300 millones en deuda convertible que tiene que devolver en noviembre y marzo. La deuda a largo plazo asciende a 11.000 millones. Por eso, Wall Street sigue muy de cerca todas las proyecciones que hace Musk tanto en las presentaciones públicas como a través de su cuenta en Twitter. También lo hace el regulador del mercado de valores.
El gran reto de Musk es demostrar que puede sostener la producción del Model 3 por encima de un nivel que garantice la rentabilidad de Tesla. Para ello debería ensamblar más de 5.000 unidades del utilitario a la semana, algo que ya logró a final de junio. El ejecutivo anticipó en la última conferencia con analistas que la compañía empezaría a ganar dinero en el tercer trimestre.
El Model 3, además, se está vendiendo bastante por encima del precio base de 35.000 dólares (30.000 euros). Eso contribuye a mejorar el margen de beneficio por vehículo. Pero Musk es conocido por ser especialmente optimista a la hora de anticipar la marcha del negocio, por lo que los analistas suelen tomar sus anuncios con cautela. En el parqué proyectan que la rentabilidad llegará en 2019 como pronto.
“No será en este trimestre que se cierra en septiembre o diciembre”, aventura Munster, “pero logrará generar flujo de caja positivo”. También anticipa que la demanda por el Model 3 escalará conforme los coches más asequibles lleguen al mercado. Gill admite que Musk es una persona brillante, pero señala que el paquete de baterías sigue siendo demasiado caro para el modelo base y crece la competencia.
Musk repite que no necesita acudir al mercado para dotarse de liquidez adicional, pese al pesimismo de los analistas sobre su situación financiera. Una opción es que esa deuda que va a expirar a corto plazo se pague en acciones en lugar de en efectivo. Así lograría ganar medio año de tiempo y preservar capital.
La otra posibilidad es que venda directamente acciones para así recuperar la confianza de los inversores. Pero eso entraría en una clara contradicción con su mensaje de que Tesla está bien capitalizada. Gill recuerda que no sería la primera vez que Musk tenga que morderse la lengua y señala que es una compañía cada vez más compleja, citando el complejo que quiere montar en China.