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El crudo barato obliga a los fondos soberanos a replantear su estrategia



La escalada bajista del petróleo, que desde 2014 ha perdido un 60% de su valor, está condicionando las decisiones estratégicas de los grandes fondos soberanos internacionales. Hasta el Gobierno de Noruega propuso al Parlamento aumentar desde el 5% al 7% el peso de las inversiones inmobiliarias —un sector refugio— en la cartera de su fondo, el mayor del planeta. No es el único caso: el abaratamiento del crudo, el frenazo de la economía china y los tipos de interés en mínimos históricos inducen a los grandes gestores a drenar recursos y a enfocar su posición hacia ámbitos más sólidos y menos volátiles.
Con un valor de mercado de unos 740.000 millones de euros, debido en gran medida a las exportaciones de crudo, el Government Pension Fund noruego garantiza las pensiones para las próximas generaciones del país escandinavo. Encabeza la clasificación del Sovereign Wealth Fund Institute, que ha calculado que los fondos soberanos mundiales concentraban en 2015 activos por 6,38 billones de euros —el doble respecto a 2007— y que el 60% de esos activos estaban vinculados a la explotación de recursos energéticos. Solo entre 2010 y 2015, cuando el barril Brent —la referencia europea— llegó a cotizar por encima de los 120 dólares, se añadieron 22 nuevos fondos a los 70 que ya existían, según el último informe de sector publicado por KPMG, ESADE e ICEX.
Pero este escenario ha cambiado. El Brent encadena ya siete meses por debajo de los 50 dólares y está pasando factura a esos mismos fondos, nacidos para aprovechar la bonanza de valores mucho más elevados. El FMI ha cifrado en un 13% el déficit fiscal que los países miembros del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos), acumularon en 2015 por el abaratamiento del crudo, su principal recurso.
Incluso Arabia Saudí, el segundo exportador de crudo mundial, planea la creación del que sería el mayor fondo de inversión del mundo —de unos 1,75 billones de euros— para afrontar la era “post-petróleo”. El gigante regional, además, emitirá bonos por unos 8.800 millones de euros, según informó la semana pasada el diario Financial Times. Se trata de la primera emisión desde 1991.
También el Reserve Fund ruso, que contaba con activos por 81.200 millones de euros en agosto de 2014, valía el 1 de abril 44.800 millones, un 45% menos, según los datos del Ministerio de Finanzas ruso elaborados por el Sovereign Wealth Lab del Instituto de Empresa (IE-SWLab). “El problema es que Moscú elabora su presupuesto nacional sobre un barril a 50 dólares, así que el petróleo barato la obliga a drenar las reservas de su fondo”, explica Javier Capapé, investigador del IE-SWLab. Lo mismo ocurrió con el fondo de Kazajstán, que vio reducirse sus activos —ahora de 56.800 millones de euros— un 16% en 18 meses. En los próximos tres años el Gobierno espera retirar del fondo otros 25.500 millones para reequilibrar las financias nacionales.
“La reducción de los recursos de esos fondos no tiene que sorprender, su objetivo es ofrecer una tabla de salvación en tiempos difíciles. Cuentan con activos muy líquidos y no tienen un gran impacto a nivel global. Pero no es siempre así: el fondo noruego, por ejemplo, tiene en su cartera el 2,5% de todas las acciones cotizadas en Europa”, apunta Capapé.
Antonio Hernández, socio de Estrategia Energética e Internacionalización de KPMG en España, enumera también otros factores que han determinado este cambio de estrategia: “La ralentización de la economía China, la caída del precio de las materias primas y las políticas monetarias ultraexpansivas de algunos mercados, que han traído consigo tipos de interés en mínimos históricos y presiones bajistas sobre sus monedas, han hecho que los fondos diversifiquen sus inversiones hacia sectores con buenas rentabilidades y mayores flujos de caja, como el inmobiliario o el agrícola”.
Aunque la opacidad de las cuentas de muchos de ellos impide conocer el volumen de inversión en un determinado ámbito, un dato puede explicar por qué el sector agrícola es cada vez más apetecible: un estudio del lobby internacional Global Harvest Initiative estima que en 2030 China deberá importar el 28% de su demanda de alimentos.
“El sector inmobiliario”, añade Capapé, investigador del Instituto de Empresa, “se está convirtiendo en un refugio global, ya que paga una renta que se ajusta a la inflación”.
También Enrique Verdeguer, director de ESADE en Madrid, hace hincapié en que los bajos tipos de interés están determinando una “fuga de los fondos soberanos de la renta fija”. Según el FMI, el hecho de que se estén deshaciendo de muchos de sus bonos públicos podría incluso acabar induciendo una subida de los tipos: “Un cambio sustancial de los mecanismos de acumulación de activos de los fondos soberanos podría propiciar un efecto directo en los mercados financieros”, argumentó el organismo en octubre.