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Euro y petróleo llevan a la eurozona a un superávit comercial récord



Récord histórico en la balanza comercial de la zona euro. La diferencia entre las exportaciones y las importaciones de bienes en el bloque de 19 países de la moneda única batió un nuevo máximo en el primer semestre de 2015 al situarse en 115.000 millones de euros. La debilidad de la divisa europea, que en el último año se ha dejado un 17% respecto al dólar y más de un 11% respecto a la libra esterlina, y el bajo precio del petróleo —producto del que la zona euro es importador neto—, que se deja un 52% en los últimos 12 meses, están detrás del avance. Desde que cambiara la tendencia, en 2012, ya son siete los semestres con superávit. Reino Unido, Estados Unidos y China son, por ese orden, los principales clientes de la zona euro.
La eurozona sigue abriendo la brecha comercial respecto al resto del mundo. El superávit —la diferencia entre exportaciones e importaciones— de los 19 Estados que tienen el euro como moneda alcanzó los 115.000 millones de euros en el primer semestre del año, un 51% más que en el mismo periodo de 2014, según los datos hechos públicos ayer por la oficina estadística comunitaria, Eurostat.
Hasta junio, las exportaciones de los países del euro crecieron un 6% y superaron, por primera vez en la serie histórica, la barrera del billón de euros. Por contra, las importaciones repuntaron un leve 3%, hasta 897.000 millones de euros. Esta tendencia se hace especialmente visible con el dato de junio, cuando el superávit comercial de la zona euro se disparó hasta los 26.370 millones, un 65% más que en el mismo mes de 2014.
Detrás del fuerte repunte del superávit comercial hay, sobre todo, tres factores: la todavía débil demanda interna; el desplome en el precio de las materias primas y, sobre todo, la depreciación del euro frente a las divisas de los países que compran mercancías a la eurozona. El bloque del euro aún se recupera a ritmo lento de una Gran Recesión que hundió el consumo en prácticamente todos los Estados miembros y, muy especialmente, en la periferia. Aunque las diferencias entre Estados son amplias —en Irlanda y en España, dos de los países más golpeados por la crisis, se recupera con fuerza en los últimos trimestres mientras que en Francia y, sobre todo, en Grecia siguen sin levantar cabeza—, la débil demanda sigue presionando a la baja a las importaciones y empujando a las empresas europeas a buscar nuevos mercados en el exterior.
Este despegue fuera de la zona euro se ha visto impulsado en los últimos meses por el abaratamiento del crudo, con el barril de Brent (el de referencia en el Viejo Continente), en mínimos de seis años, y del grueso de las materias primas —desde alimentos hasta metales—, de las que la UE es muy dependiente. El desplome de su cotización en los mercados internacionales, hasta situarse en mínimos de 13 años, ha ayudado a aligerar la factura importadora de los países del euro. Pero el factor clave para entender el cambio rumbo comercial es la depreciación del euro frente al resto de grandes divisas mundiales, impulsado por el giro en la política monetaria del Banco Central Europeo desde principios de año, con un programa de compra masiva de deuda pública que ha derrumbado la cotización de la moneda única.
Alemania, al frente
Los efectos de la pérdida de valor del euro se perciben nítidamente en la mayor economía europea y uno de los grandes exportadores mundiales, Alemania, que ha visto crecer el superávit comercial desde los 100.000 millones de los seis primeros meses de 2014 hasta los 125.500 millones del primer semestre de este año. El país germano es, con diferencia, el país de la UE con una balanza comercial más holgada.
El dominio exportador alemán es tal que su superávit comercial es superior al de la suma de toda la eurozona entre enero y junio. Sus ventas exteriores duplican a las holandesas y a las francesas, los países que le siguen en la lista de exportadores. Incluso la suma de las exportaciones de Francia, Italia y España seguiría siendo inferior a la cifra germana. Tanto el Fondo Monetario Internacional como la Comisión Europea han advertido en los últimos años del efecto negativo de este gran superávit comercial para la unión monetaria y para el conjunto de la economía mundial.
Zsolt Darvas, economista del think tank europeo Bruegel, incide en la anomalía germana y subraya la necesidad de que el Gobierno de Angela Merkel ponga en marcha “medidas y reformas” para relanzar la inversión y el consumo.